Esas son solo algunas de las súplicas que doña Ana Orellana, de 67 años, lleva semanas pidiéndole a Dios, y su esposo, don Luis Vásquez, de 71, a la virgencita. Las plegarias, que no paran de repetir durante todo el día, buscan que “el tiempo corra lento” y “no empiece la pesadilla” que ya saben se les aY es que la pareja de esposos tiene claro que a partir de esa fecha y luego de haberse beneficiado por años del llamado Estatus de Protección Temporal, más conocido como TPS, que les dio “estabilidad y tranquilidad” para hacer su vida en Nueva York, el gobierno Trump, pondrá fin a ese amparo para ciudadanos de El Salvador.

Se estima que unos 230,000 salvadoreños que viven en Estados Unidos, 5,000 de ellos en Nueva York, quedarán echados a su suerte. Se enfrentan al riesgo de ser detenidos y deportados. El TPS fungía como el alivio que evitaba que quienes no tuvieran estatus migratorio definido como residente o ciudadano, fueran objeto de procesos de expulsión.

“Está yuca (difícil) la cosa”… “después de haber hecho nuestra vida aquí, nos van a empezar a perseguir como si fuéramos chanchos”, asegura el abuelo salvadoreño, originario de Santa Tecla, en El Salvador, de donde emigró hace 24 años, 14 meses después del fuerte terremoto que destruyó buena parte del país, el 13 de enero del 2001. Ese desastre hizo que Estados Unidos comenzara a otorgarle a los salvadoreños presentes en la unión americana el Estatus de Protección Temporal.

“Yo llegué a pensar que como el señor Trump se lleva bien con nuestro presidente Bukele, a los salvadoreños no nos iban a tocar. Pero ahora nos tocó, y lo único que podemos hacer será seguir rezando para que no nos agarren y no nos corran”, dijo el actual portador del TPS, quien le implora al gobierno federal que revierta la decisión, aunque ve casi imposible “que le den vuelta a la tortilla”.

“Yo no tengo mucha fe en el señor Trump pero a veces hay milagros. Y si le pediría que no nos cancelen el TPS. Vamos a pasar de una noche a otra de sentirnos tranquilos a vivir llenos de angustia”, comentó con tristeza el extrabajador de restaurante.

Julio García, quien también lleva más de una década cobijado con el TPS para los salvadoreños, figura que comenzó a otorgarse a los centroamericanos en marzo de 2001, y que había ido extendiéndose cada tanto, comparte el mismo sinsabor.

Anticipando que el presidente Trump pretendía acabar con el TPS, días antes de dejar la Casa Blanca, en enero del año pasado, el expresidente Joe Biden, firmó una extensión del estatus de protección por 18 meses, que permitía aplicar entre el 17 de enero y el 18 de marzo del 2025. Pero en unos días la protección estará enterrada.

“No sabemos qué va a pasar con nosotros. Da coraje, porque hemos estado aquí trabajando y ayudando a sacar adelante este país. Yo tuve a mis hijos aquí. Son adolescentes y no conocen más que esto. Si nos sacan, qué va a ser de ellos”, comentó el angustiado padre, tras hacer una diligencia en el consulado de Manhattan. “Tenemos nuestra casa aquí y ahora nos dicen que vamos a quedar como indocumentados. Esto es injusto. Eso solo lo hace gente que es mala en el corazón. Quedaremos desprotegidos”.

Además del drama y la tensión que desde ya están viviendo familias salvadoreñas de Nueva York, quienes residen principalmente en Suffolk y Nassau, en Long Island, y en Queens, en la Gran Manzana, otra de las preocupaciones que ha comenzado a surgir es el efecto que el vencimiento de sus permisos de trabajo tendrá en el desarrollo económico del estado y en la fuerza laboral disponible.

 

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Por DiaaDiaRD

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